"Después escogerás un arte o un oficio a tu gusto...
Pinocho se puso serio.
¿Qué rezongas entre dientes? -le preguntó el Hada con acento dolido.
Decía... -refunfuñó el muñeco a media voz- que me parece ya un poco tarde para ir a la escuela...
No, señor. No olvides que nunca es tarde para instruirse y aprender.
Pero yo no quiero hacer ni artes ni oficios.
¿Por qué?
Porque me cansa trabajar.
Hijo mío -dijo el Hada-, los que así se expresan acaban casi siempre en la cárcel o en el hospital. El hombre, para que sepas, nazca rico o pobre, está obligado en este mundo a hacer algo, a estar ocupado, a trabajar. ¡Ay de quien se deje dominar por el ocio! El ocio es una enfermedad muy mala, y hay que curarla rápidamente, desde niños; si no, de mayores, ya no se cura.
Estas palabras tocaron el alma de Pinocho, quien, levantando vivazmente la cabeza, le dijo al Hada:
Estudiaré, trabajaré, haré cuanto me mandéis; pues, en resumidas cuentas, estoy aburrido de la vida de muñeco y quiero a todo trance convertirme en un chico. Me lo has prometido, ¿no es verdad?
Te lo he prometido y ahora depende de ti."
(Las aventuras de Pinocho - Carlo Collodi - Ediciones Generales Anaya)
"Ni con millones de monedas de oro se puede recobrar un solo instante de la vida. ¿Qué mayor pérdida, entonces, que la del tiempo gastado infructuosamente?"
Yo soy Yo
Siempre ten presente que la piel se arruga, el pelo se vuelve blanco,
Todos sentimos el anhelo de lo salvaje. Y este anhelo tiene muy pocos antídotos culturalmente aceptados. Nos han enseñado a avergonzarnos de este deseo. Nos hemos dejado el cabello largo y con él ocultamos nuestros sentimientos. Pero la sombra de la Mujer Salvaje acecha todavía a nuestra espalda de día y de noche. Dondequiera que estemos, la sombra que trota detrás de nosotros tiene sin duda cuatro patas.
